El Butano Popular

Librepensamiento y explicaciones

El impostor

Francisco Nixon Nixon y cócteles— 14-03-2011

Recuerdo perfectamente la sensación de estar viendo un concierto de algún grupo de versiones, y creer que nunca sería capaz de hacer una canción ni la mitad de buena que cualquiera de las que estaban tocando. Llegar a casa e intentar escribir algo que me produjera, al menos remotamente, alguna de las emociones que acababa de experimentar, peleándome con acordes que no conocía y con mi probada incapacidad para cantar. Estar en el local de ensayo e intentar montar como fuera media hora de repertorio medianamente presentable en directo. Entrar en el estudio de grabación y esforzarme en registrar al menos tres minutos que no sonaran a lata. Y durante todo el proceso, intentar huir de los clichés en los que nadaba tanto grupo mediocre, de los que al verlos te hacían pensar: “Madre mía, ¿esta es la sensación que tiene la gente cuando me ve tocar a mí? Qué vergüenza…:“. Ponerme fatal antes de un concierto creyendo que no va a venir nadie, que vamos a hacer el ridículo, y cuando la sala está llena, peor. Estar tocando en algún festival para miles de personas y preguntarme: “¿Qué hago yo aquí? Todos estos grupos han hecho algo, ¿qué he conseguido yo?“. Leer una crítica, buena o mala, y decirme: “No me conocen, no se han enterado de nada, menos mal“. Verme en un vídeo o por televisión y venírseme a la cabeza: “¿Pero quién puede perder el tiempo con esto? Encima se van a pensar que voy de guay o algo“.

Luego leo entrevistas o escucho a la gente hablar en un corrillo y me quedo atónito. “Somos lo mejor que le ha pasado a la música en mucho tiempo. Estamos muy orgullosos de nuestra imagen. Sin duda este último disco es el mejor. No somos el típico grupo español acomplejado, aspiramos a entrar en el mercado internacional. Nadie hace mejores letras que nosotros. Nuestro trabajo posee una complejidad estructural que no está al alcance de cualquiera…“, etc.

A día de hoy, siempre que tengo que salir a tocar, sudo frío. Luego, metido en harina, se me pasa, pero no hay vez que no desee salir corriendo, y ya en el escenario, pedir perdón por la osadía de reclamarle a la gente su tiempo.

Todo esto no lo cuento para autoflagelarme, sino como resultado de una reflexión al hilo de un enlace que dejó Mauro Entrialgo en mi blog, sobre una señora que habitualmente suelta largos discursos por la ventana del patio de luces. La señora desea que su mensaje de difunda, y a mí me gustaría colaborar, ya que me identifico más con ella que con la mayoría de… Bueno, que me identifico con ella.

Es un trabajo de Josechu Dàvila. Hay que pinchar en este enlace, ir a la sección Últimos trabajos y una vez allí, pinchar en Proyecto para difundir el mensaje de una mujer anónima.

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