El Butano Popular

Librepensamiento y explicaciones

Contratransferencia radical

Radio de calado— 18-10-2011

Mi psiquiatra ha muerto, sabía que la victoria final sería mía, pero en ningún caso hemos abandonado la terapia. Su espíritu, su fantasma, el espectro del doctor psicoanalítico errante visita puntualmente, cada noche, a todos sus pacientes, de manera simultánea, a eso de las cinco de la madrugada, la hora de moler café. “Estoy en todas partes“, nos dice, “vigilo lo que comes, y con quien te acuestas; si fumas, lo sabré. Si no sigues las instrucciones que te doy, enfermarás de manera irreversible. Este es mi poder ahora, controlar tu enfermedad desde todos los ángulos, por dentro y por fuera. No tienes escapatoria. Aquí no hay más transferencia que la mía, unidireccional. La sociedad está enferma. ¡No te cases nunca!“. Dicho esto, y otras cosas igual de poco razonables, el espectro del psiquiatra (de orientación psicoanalítica clásica), me ofrece las claves para llevar a cabo su plan de “Paz Forzosa”, un plan que ya tenía antes de morir, pero que jamás se atrevió a llevar a cabo estando de cuerpo presente. Básicamente, se trata de robar un banco. Sus pacientes seríamos el brazo ejecutor, los atracadores. Se trata de un plan perfecto, según él, ya que no nos conocemos y sufrimos patologías opuestas. Además, vivimos en puntos diferentes de la ciudad. “¡Todo es perfecto!“, chilla el doctor. Cuando expone el plan se pone muy contento. Pero debido a la confusión, a las brumas del espíritu, en las que su desvanecido Yo se encuentra inmerso desde el fallecimiento, sus ideas para el plan de Paz Forzosa (el atraco) incluyen también “matar a las putas”, “propagar el misterio” y “llevar el fraude hasta sus últimas consecuencias”. Esto último se conseguiría poniendo unas cuantas bombas el mismo día del atraco en lugares estratégicos, tales como el hipódromo, el canódromo, el club de polo, etc. Cuando intento hacerle entender que esos lugares ya no existen, y que en cualquier caso ya nadie atraca bancos, el fantasma del doctor se pone de muy mal humor y me tuerce todos los cuadros. Me mueve los muebles durante horas. Me parte en dos un retrato al óleo de mi madre y escribe en carmín ectoplásmico las palabras “EDIPO MEORRO”.

Cada vez me encuentro peor. Sus apariciones duran lo mismo que la terapia, cuarenta minutos, pero las manifestaciones posteriores pueden durar horas, e incluso empalmar una aparición con la otra. El espectro del doctor tiene muy mal carácter, mucho peor que antes. Tiene muy mala leche, sabe dónde pincharme. Y siempre consigue que me sienta muy culpable. Estoy muy nervioso, a punto de sufrir un infarto. De eso se trata, asegura el psiquiatra, mientras me hace levitar en la cama y me baja los pantalones del pijama.

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