El Butano Popular

Librepensamiento y explicaciones

Razonablemente mezquino

Historias de amor (y apocalipsis)— 17-11-2010

Sueño que alguien me toca la espalda mientras duermo bocabajo en la soledad de mi habitación. Susurra mi nombre. Parece real. Me acojono y quiero despertar. Nunca jueguen a la ouija, al menos sin ponerse casco.

Me levanto del catre pensando mucho y mal. Se me antoja que somos demasiados millones de personas en el mundo. Que muchos sobramos. Vendría al pelo un buen cataclismo, una catástrofe absurda, una visita extraterrestre de aviesas intenciones, una invasión merecida de roedores gigantes, una pandemia loca… A la mierda 3.000 o 4.000 millones de personas. Muerte a escala industrial. Tiro la moneda: ¿cara o cruz? Sale culo. Por esta vez estamos perdonados. Nada de ¡sálvese quien pueda!

Gruño.

Anoche cené en un mexicano, me puse fino a picante. Una buena michelada de negra Modelo, jalapeños y tacos de pollo cabreado. El efecto picajosito, los sudores y escalofríos, me recuerdan a un subidón de popper. Mi trasero no me lo perdona por la mañana. Empacho de pesadillas, que no quesadillas —chiste fácil—, y ahora cago fuego. Alguna vena del esfínter va camino de reventarse. El Roca como un cuadro de Pollock.

A la hora de la comida escucho una conversación de sobremesa que me eriza el alma. En la mesa de al lado de un restaurante de menú de todo menos barato un grupo de hombres y mujeres con pinta de hacer pausa en el trabajo hablan de lo tontos que son los hombres. Ellos les siguen el rollo, aceptan con gracejo, levantando la copa, lo simples que somos. Lo simples que son ellos, al creer que así la van a meter en caliente, haciéndole la pelota al enemigo.

Soy un cotilla.

Ya de vuelta al tajo, jugando con el ordenador, frente a esa pantalla que me vampiriza, me llega vía e-mail un power point que no es de autoyuda: los odio, sobre todo si me lo manda una ex en un mailing masivo, aunque todavía es peor que te envíen una ecografía. Casi es más nocivo: va de tópicos sobre los hombres. No sabemos acompañarlas de compras, no fregamos, no soltamos el mando de la tele… Así hasta treces chorradas supinas. En mi caso sólo se cumple lo de mear fuera de la taza del WC, cuando llego a casa borracho y no enciendo la luz, o me levanto con un priapismo galopante (esto sí se cumple en el 97% del género masculino). Creen las marujas que todos los hombres son como sus maridos.

¡Qué tontería!

Leo el extracto de un estudio de esos absurdos universitarios, que a alguno le habrá servido para vivir del cuento con alguna beca. Dice que aquel que goza de una gran vida social se acerca más a la inmortalidad. Debería borrarme de Facebook.

Ceno con mi mejor amigo y llegamos a la conclusión de que lo mejor y lo peor de la vida está por llegar. Confesados no nos va a pillar. Limpios seguro. Ojalá frescos.

En unos días pienso comerle el coño a una no-virgen, beberme su sangre menstrual, chapotear en su sexo. Absorber su juventud. Si lo consigo no me busquen más en la sección de obituario.

Se ha muerto Berlanga, vaya palo. Y Dino de Laurentiis, vaya mierda.

¿Es manera de levantarse por la mañana?

Crujen mis nudillos.

¡Buen día!

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