Envenenar manzanas

Las guapas van de cien en cien, según decretan las revistas. Siempre en un concienzudo orden jerárquico. Ahora Maxim, ahora DT, ahora FHM, se van turnando en la función de escalar lo no mensurable. Las chicas más guapas, las chicas más sexys, del cien al uno, en escala creciente de uno-debería-saber-qué-y-si-no-lo-sabe-es-que-tiene-un-problema. Yo, como entenderán, tengo ese problema, porque plegarse es abandonar el criterio y, sobre todo, porque relaciono las listas de belleza con el mal: me recuerdan a la reina de Blancanieves, que ordenaba a las guapas del reino para pasar a cuchillo a quienes la superaran. Las revistas insisten en esa infamia de bruja de cuento, de espejito-espejito, de ven que tengo una manzana para ti.

Que nadie tenga problemas con la constante función de bruja mala que lucen los quioscos me parece tan fascinante como las variantes que produce el género. Este mismo septiembre de 2010, la revista Hola publicaba una lista con las premamás más guapas, añadiendo a esa obsesión por la jerarquía estética una capa de refranero, según el cual las embarazadas aumentan en hermosura como efecto secundario de la preñez. Tres años antes, una web enunciaba las 100 mujeres más guapas según las lesbianas: la segunda era Angelina Jolie y la primera era, atentos aquí, la protagonista de una serie de televisión sobre lesbianas, en un detalle que lo dice todo, de ésta y de las anteriores. La lista espejito-espejito de las de Lesbos ha sido celebrada en un grupo de Facebook titulado “Las 100 más guapas según nosotras“, que planta un primera persona del plural que indica hasta qué punto hay gente que se siente forzada a interiorizarlas.

Las listas de guapas se metabolizan porque le añaden al instinto una capa de efectividad. No es suficiente con tener pasiones, sino que hay que tener una pasión actualizada. Adaptada al orden de este año, optimizada según los nuevos calibres, con un decimal más en la versión uno-punto-tres. Ese es el terrible mensaje de las listas: tu intuición está desfasada, y más vale que se atenga a los parámetros que manejamos. Que te guste cierta chica (o, mejor: cierta idea de chica) se convierte —entendámonos— en un conflicto con perdedores.

A todo esto se ha añadido el lado oscuro de la bruja de Blancanieves, que manda narices ser el lado oscuro del mal. Desde hace tres años, Telecinco decide hacer sangre con las aspirantes a Miss España, superponiendo a la competición de belleza un acoso y derribo al defecto. En un bucle que pide una cuestación vía móvil, el canal reclama votos para señalar la más fea de las candidatas al concurso nacional. En 2007 y 2008 lo hizo Aquí hay tomate, en 2009 lo hacía Sálvame, en 2010 lo hace Sobreviviré, ¿vale?, distintas pieles de una misma productora. Las salvas de comentarios conforman un monumento a la televisión moderna: a una la llaman pez martillo por tener los ojos separados, a otra seisdedos porque tiene más de dos dedos de frente. Todos, motes repetidos por televisión, sambenitos de los que no se borran, de los que te asaltarán nochevieja tras navidad durante años.

En una fascinante sincronía, la Fundación de Ayuda a la Drogadicción ha publicado una campaña de disculpas a los motes de los profesores. En un precioso contraste publicidad-programa, se pide perdón a la Rottenmeyer minutos antes de señalar que Miss Cuenca tiene “los ojos mirando a su provincia“. Sólo pide disculpas el que es consciente de tener un problema, que es el tronco del anuncio de la FAD, mientras se multiplican en espejo el problema de las listas, el problema de los motes, el problema que tengo yo con las jerarquías y los navajazos por antena. Las brujas de Blancanieves actúan a vista de todos, ante un espejo donde no queremos reconocernos. Igual resulta, como decía la canción, que es mejor envenenar manzanas que quitarles la piel.

Raúl Minchinela

El Butano Popular © 2012

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