El Butano Popular

Librepensamiento y explicaciones

Treinta y ocho

La hora atómica— 05-04-2013

Ningún tiempo pasado fue mejor pero ahora lo son casi todos, y no porque estos sean distintos sino porque nosotros somos los mismos.

Como entonces, miro películas de Jesús Franco, que anteayer pasó a mejor vida porque también cualquier otra ha de serlo, aunque enjabonemos ésta por ser la mala conocida y porque al fin y al cabo te ríes. Vuelvo al cine de Jesús Franco aunque es él quien se me lleva siempre, de polizonte en la barquita de Caronte o de la oreja mediante un zoom violento y enajenado, un zoom que puede ir flechado a un coño para demostrar que un coño es antes que nada una interjección, o internarse en un espejo para dar el reverso de la película, que en el caso de Jesús Franco será idéntico al anverso porque el suyo es un cine incapaz de desmentirse. Siendo como es el cine una mentira (esto lo decimos mucho los pisaverdes), qué menos que creerse a ciegas una filmografía tan piadosa y tan necesitada de sí misma.

Miro las películas de Jesús Franco porque con ellas te distraes mucho, tanto como para ir pensando en tus cosas, que se irán instilando en la ficción y así haciéndose mentira y levedad, pasando tu realidad a formar parte de su retórica y haciéndola chabacana. Las películas de Jesús Franco siempre pasan en otro lugar pero te van ocurriendo dentro, lo cual dicho así suena cursi, pero es que o les haces sitio o eres tú quien se queda fuera.

Jesús Franco rodaba mucho sin guión, intuyendo que toda sofisticación acaba por morderse la cola y que para eso es mejor chupársela, y su cine a mí me gusta porque es nada menos que lava psíquica: cuando le sale sinuoso lleva puesto lo demoníaco, cuando se va de madre trae consigo algún pesar. Armónico no lo es nunca porque eso es de medianías, y las películas de Jesús Franco, que ahora está aquí de cuerpo presente, o están por encima o están por debajo.

El cine de Jesús Franco rompe las matemáticas y trota el desbarajuste del juego, y si no sabes si te gusta puede que estés en el camino recto, lo cual es un problema tuyo, de esas lógicas que te cercan y de la cinematografía mundial.

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