El Butano Popular

Librepensamiento y explicaciones

¿Y si nos levantamos? Bueno… mejor luego, cuando termine el refresco

Podría responder a todas sus preguntas— 03-04-2013

Quería hablar de otros asuntos. De naves espaciales sin tripulantes y armadas con tecnología experimental y misiles atómicos, enviadas desde algunas naciones de la Tierra, desde ese país fuente de toda desinformación en torno a la Gran Conspiración, para espiar y amenazar a otras naciones, para imponerse y Controlar al resto de naciones. También de los mensajes que capto con mis televisores sintonizados en las frecuencias analógicas que ya he comentado alguna vez. Muertos resucitando en Júpiter y todas esas cosas.

Pero mi obsesión por los mensajes ocultos en la televisión me hace fijarme sobre todo en los anuncios. Creo que ya lo he comentado alguna vez. Y estoy indignado. Un anuncio. ESE maldito anuncio que ridiculiza al Poder en la sombra, que lo convierte en una parodia inofensiva e inoperante.

El cinismo se redondea cuando precisamente es un anuncio de una empresa de refrescos que simboliza y representa al capitalismo salvaje global.

Esa marca.

Ese refresco, adictivo, en cuya composición hay un ingrediente secreto que, quizás, aparece mencionado en el propio nombre del producto. Dónde ocultar mejor el ingrediente misterioso sino a la vista de todo el mundo. La carta robada, por supuesto. Poe lo sabía. Por eso no bebía refrescos dulzones.

En el anuncio son las primeras horas de la noche. En una oficina sólo queda trabajando un joven que decide sacarse un refresco (ESE refresco) de la máquina expendedora. Seguramente se trata de un becario con un sueldo de mierda que tiene que seguir trabajando hasta que todos sus compañeros se han ido a casa. Cómo puede permitirse un refresco con su mísero sueldo es algo que no nos explican. Cuando va a recoger la botella suministrada por la máquina, una voz profunda desde un despacho remoto le llama. Avanza por un pasillo enmoquetado. (Todavía no existe un análisis en profundidad que establezca la relación moqueta-poder.) La voz sigue hablando desde una gran butaca que mira a la ventana, por lo que el joven no puede ver quién es su interlocutor, el cual le comenta que (¡atención!) son el poder en la sombra, que durante años han controlado a toda la humanidad. Imágenes de distintas personas en distintas situaciones sentadas. El sillón se gira y se muestra vacío. Y llega la revelación. ¡Somos las sillas!, dice la voz. La respuesta del joven es inmediata. ¿Y si nos levantamos? Imágenes de las mismas personas en las situaciones vistas con anterioridad levantándose de sus asientos. El joven se levanta, coge su refresco y sale de la oficina.

Punto 1: La revolución debe ser algo que no entrañe demasiado esfuerzo a cada ciudadano. Levantarse es una acción fácil que todos podemos realizar. No se analizan las consecuencias futuras del hecho. En algún momento todos tendremos que volver a sentarnos. ¿Habrán cesado las sillas entonces su intención de controlar a la humanidad agarrándonos por el culo? Todo eso no se desarrolla. La revolución que patrocina la Marca de refresco consiste en un gesto simbólico sin trascendencia real.

Punto 2: Distingamos el Poder en la Sombra (el verdadero) del poder en la sombra (el del anuncio y el de muchas películas). El poder en la sombra sucumbe a su patético afán protagonista y se comporta como un malvado de opereta explicando sus (siempre falibles) planes. El Poder en la Sombra no se manifiesta. Es más, promueve la disparatada e inoperante imagen del poder en la sombra, haciendo que en el último momento sus planes se desbaraten después de desvelarlos públicamente, bien al último becario de la última compañía con máquina expendedora, bien al agente ultrasecreto con licencia para matar atado de pies y manos y con un rayo láser que avanza con absurda lentitud hacia su entrepierna. Aceptémoslo, el poder en la sombra es una patética marioneta patrocinada por el verdadero Poder en la Sombra.

Lo que nos lleva al Punto 3: La marca del refresco.

Hace mucho, mucho tiempo, en aquellas primeras manifestaciones estudiantiles, que eran más una ebullición hormonal que reivindicativa. Tal vez no supiéramos muy bien la razón por la que nos manifestábamos, pero nadie podía perder la oportunidad de mezclarse con otros institutos… Bueno, no nos pongamos sentimentalmente lúbricos… Las consignas eran simples, algunas copias del mayo francés, Sé realista, pide lo imposible, y otras sencillamente absurdas rimas pegadizas: La culpa de todo la tiene Yoko Ono, por ejemplo. Pero a la que quería llegar, quizás la más dura, quizás la que sentíamos más cierta de todas nuestras absurdas consignas, es esta: (Marca de refresco) asesina, (otra marca de refresco española y sin burbujas) al poder.

De pequeño vivía en Barcelona cerca de la planta embotelladora de la Marca de refresco. Tenía grandes ventanales que permitían ver desde la calle el proceso de llenado. Una interminable hilera de botellas de cristal circulaba por cintas como un elaboradísimo circuito de (marca de juguete de construcción de pistas de carreras). El tintineo incesante se escuchaba desde la calle. Las botellas eran rellenadas con el líquido oscuro. Luego le colocaban la chapa que coleccionábamos para jugar a otro tipo de pistas de carreras más rudimentario en el suelo de los parques. Luego las botellas se introducían en cajas. Si recuerdo el proceso imagino los camiones que incesantemente salían cargados hasta los topes del refresco dulzón. Cientos de camiones, millones de camiones repartiendo la sustancia mágica por toda la ciudad, por todo el país, por todo el mundo. Por eso yo siempre pedía una Mirinda.

Disculpad la digresión sentimental.

El caso es que la marca de refresco por excelencia, símbolo de la dominación global, epítome del sistema capitalista, promueve un anuncio en el que jocosamente descubre a un patético e inoperante poder en la sombra al que se le derrota con el simple hecho de levantarse. Sí, pero el joven oficinista, tan agudo en su reacción contra los planes del malvado poder sacado de un infame telefilme, sale del despacho aferrado a su botella de refresco.

Ahí está la verdadera naturaleza malvada del Poder en la Sombra.

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