El Butano Popular

Librepensamiento y explicaciones

La dictadura de la mayoría

Podría responder a todas sus preguntas— 30-10-2012

Hay programas de televisión emitidos desde una supuesta nave del misterio que siguen diciendo que Alternativa 3, el mokumentary de la BBC emitido el 1 de abril de 1977, el April fools’ day, es un documental, convirtiendo la broma en una realidad. Repiten y repiten hasta la saciedad que es posible que haya bases ocultas estadounidenses y soviéticas en la cara oculta de la Luna y que hace tiempo que llegaron misiones tripuladas a Marte. Lo que encontraron allí está clasificado como Alto Secreto. Ese mismo programa, sin aclarar la contradicción, admite que es posible que el hombre no llegase a la Luna, que Stanley Kubrick preparó la emisión televisiva del alunizaje en un hangar de una base secreta en el desierto de Mojave o en el recurrente Roswell, en el hangar P84, por supuesto. Dicen, sin ningún reparo, que la clave de El resplandor, es la confesión y el perdón que solicita el cineasta por la farsa que supuso la falsa llegada del hombre a la Luna. Repiten y repiten las cosas sin darse cuenta de a quién están sirviendo verdaderamente con la confusión que crean. No entiendo por qué la han tomado con Kubrick, ya volveremos a él cuando hablemos de Júpiter y los cadáveres que resucitan.

Toda esta gente, vocingleros de lo oculto, siguen fieles a los preceptos de Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad”, “Más vale una mentira que no pueda ser desmentida que una verdad inverosímil”, “Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”. No son conscientes de que sus falsas teorías, sus chismorreos sobre pequeñas conspiraciones, sirven a los propósitos del Plan, están generados por el Plan para desviar la atención sobre la Gran Conspiración de la que nadie ha oído hablar. Y funciona.

Conozco a gente que cree que la misión Apolo no llegó a la luna.

Me indignan, me cabrean. Los miro fijamente a los ojos mientras enrojezco. Luego les grito que son unos idiotas. Creen cualquier cosa que les cuenten. El hombre llegó a la Luna, les grito.

Lo sé. He visto las pruebas. He estado en la Luna y lo he comprobado… ya hablaremos de eso otro día.

La televisión es el medio ideal para trasmitir ese tipo de ideas-lapa.

Sabemos lo que hay que hacer y lo vamos a hacer y por eso hacemos lo que hemos dicho que íbamos a hacer…”, “haremos lo que hay que hacer”, “sabemos lo que hay que hacer y lo haremos”, repiten y repiten y repiten. Pero ninguno de ellos explica por qué eso que hay que hacer es “lo que hay que hacer”. Una crisis dirigida desde las sombras, unos gobiernos marionetas dispuestos a hacer lo que hay que hacer sin que los mismos portavoces sepan por qué hay que hacer esas cosas. La destrucción del tejido social como uno de los objetivos del Plan.

Seguimos observando la pantalla y escuchando los mensajes grandilocuentes que apelan a la necesidad y el sacrificio y el patriotismo. Mentira, tras mentira, tras mentira, que repetidas hasta el hartazgo se convierten en verdad.

Luego podemos relajarnos durante la publicidad.

Los programas de pseudo-divulgación mienten.

Las noticias tergiversan la verdad.

Pero la publicidad nos ofrece una visión perversa de la realidad.

Ahí se pueden rastrear las influencias del Plan.

Ejemplo. Un anuncio de un producto lácteo. Tal vez no venga a cuento pero esa empresa ha sido denunciada en Francia por publicidad engañosa ya que, según los expertos consultados, el yogur en cuestión no aumenta la flora intestinal y, por lo tanto, el efecto anunciado no tiene efecto. Es un dato colateral. Ya sabemos la tradicional inquina de los franceses hacia lo español. Una de esas rivalidades tan útiles cuando se pretenden ocultar retazos del Plan puestos en evidencia. Ya sé, ya sé… ya me centro. Un anuncio de un yogur. Una actriz, la imagen del producto. Tres mujeres, supuestas amigas de la actriz. No voy a comentar el papel de la mujer en la publicidad. Apunto solamente que en el mundo publicitario el estreñimiento afecta únicamente a las mujeres. Tres mujeres y la actriz. Toman yogur por sus supuestos beneficios. Una de ellas afirma que no necesita tomar ese producto, que NO LO NECESITA. “¡¿Por qué no vas a tomar algo que funciona?!” le espeta a mi entender con un tono innecesariamente violento la actriz. Al final, la mujer disidente, que no necesita tomar el yogur, accede a probarlo.

La dictadura de la mayoría y el efecto de la repetición de una sentencia falsa se demuestran en esos pequeños detalles: ¿Por qué vas a ser tan idiota como para no probar un producto cuyos beneficios son más que dudosos cuando la publicidad te está diciendo que tres de cada cuatro consumidores aprueba sus efectos (sean los que sean) y refrenda sus beneficios (sean ciertos o causados por un efecto placebo)? ¿Quién te crees que eres para llevar la contraria a la mayoría? Probarás el yogur te guste o no porque te dicen que lo pruebes, porque la mayoría lo prueba aunque sea más caro y sus efectos más que cuestionables.

La dictadura de la mayoría anula las decisiones individuales. El disidente es un bicho raro que no entiende que lo que la mayoría CREE que es lo mejor ES lo mejor.

Los ejecutores del Plan sujetan sus enormes panzas mientras se ríen a carcajadas en los inmensos salones de sus palacios ocultos en las altas montañas cada vez que ven a un disidente claudicar. Se ríen cada vez que alguien afirma que superaría el experimento de Milgram…

… una de las botellas del sistema de seguridad acaba de romperse en el pasillo… tengo menos de un minuto antes de que ellos entren… le doy a enviar.

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