El Butano Popular

Librepensamiento y explicaciones

Habla Irizábal

Cartas Crueles— 29-10-2012

22 de mayo de 2003

Rediós, Mercedes:

Empiezo así, con una blasfemia, que es, además, una queja, un grito de auxilio, la expresión de una rabia contenida que precisa resolverse, porque me tienes abandonado, me siento solo y no hay derecho. A ver si de una puta vez te pones al teléfono, contestas mis cartas, vienes a confesarte a la catedral o viajas a Tudela y nos citamos en un motel o donde te dé la gana, y me dedicas una tarde entera, tú y yo, para hacer lo que tú quieras, porque llevo más de un mes de abstinencia y el deseo me hierve el cogote, tengo los huevos hinchados y la polla triste por falta de uso.

Lila y brillante se me pone, como el bonete, cuando pienso en ti y en los pecados que cometemos juntos, la mayoría mortales, y puesto que ya estoy condenado y arderé eternamente en el infierno, quisiera que al menos fuera por un buen motivo y no a medias, como sucede ahora. Pues cuando estabas en Granada daba gusto, porque nos veíamos cada dos por tres, con la excusa de tus viajes a Madrid y el rollo de la Conferencia Episcopal, y luego, cuando te viniste a Pamplona, en fin, cuando trasladaron a tu marido a la capital, pudimos vernos con toda la frecuencia del mundo, lo cual nos permitió atender nuestras urgencias físicas e idear nuevos y complicados rituales que prolongaran el fuego de la pasión hasta despertar en nosotros, o al menos en mí, tensiones sin cuento que luego estallaban colmando cualquier expectativa. Ya sé que te pedí que retrasaras la satisfacción de mi deseo, con el fin de acrecentarlo, pero es que ahora, Mercedes, ¡hostias!, llevas alargándome el sufrimiento cuatro semanas. Debes saber que a veces incluso siento vahídos en el confesionario, cuando alguna feligresa de buen ver me cuenta, más o menos arrepentida, sus escarceos eróticos y me imagino que somos tú y yo practicando en el suelo de la sacristía ante la mirada atónita del sacristán, presto a incorporarse al juego desde detrás de la cortina…

Piensa, Mercedes, que pronto van a cumplirse veinticinco años de tu dedicación a esta causa, que es causa eficiente y final de mi condenación, como juzgaría con acierto santo Tomás, en la esencia y los accidentes. Porque empezaste bien, según supe y se explica, de la mano de Monseñor Pastorelli, y posteriormente de la de mi antecesor en el cargo, el ahora cardenal Baigorri; recuerda que desde ese momento nada te ha faltado (ni económica, ni profesional, ni moralmente), que siempre hemos sabido comprender y perdonar tus faltas, saldado tus deudas, satisfecho tus vicios. No digo que no te lo hayas ganado, pues has trabajado con entusiasmo, efectividad y discreción. Bien sea con uno y después con otro, bien sea con varios a la vez, poniendo en práctica todas tus habilidades exhibicionistas y amatorias. Y lo has hecho cuando te ha venido en gana y a tu aire, humillando a quien lo deseaba, gozando con quien podía permitírselo, que entre nosotros hay mucho desviado. Pero es de justicia admitir que gracias a la sotana te llegó el traslado a Pamplona, mientras se olvidaban tus enredos en Granada; que conseguimos tu readmisión en la Obra, para colmar ese deseo de figurar entre la buena sociedad de la capital; que inclinamos la balanza a favor de Merceditas en la clínica Santa Esperanza; que subvencionamos con generosidad tu negocio para que pudieses llevar una vida desahogada; y que también hemos soportado muchos años a tu marido en la sucursal de Viriato, a pesar de su manifiesta incapacidad para el cargo. Pero, por si fuera poco, ahora me sugieres que coloquemos a Marta Cadenas en su lugar, sustituyendo a Samuel cuando se jubile. Supongo que sabes que la tal Marta está como un cencerro y que a punto estuvo de descalabrar la oficina de Linares con sus tejemanejes, olvidando que los clientes de la Banca Pía no son unos clientes cualesquiera. Querida Mercedes, ignoro qué te propones con este traslado, pero mentiría si te dijera que, tras un mes de abstinencia, estoy en condiciones de discutir contigo.

Así que, de acuerdo: Marta Cadenas para ti, pero siempre y cuando en un plazo de tres días pongas fin a tu mutismo, me busques, me encuentres y nos hundamos en el fango de la depravación. Te cito para el miércoles, vestida con un traje de chaqueta ceñido y armada con tu mejor espíritu fiscal. Por mi parte, quiero revivir la experiencia de ser juzgado, muerto y sepultado, mientras te paseas lujuriosa por ese decorado de cartón piedra que mandamos construir para representar la pasión de Cristo la semana de Pascua. Nos vemos, y no hay excusas, el próximo sábado a las seis de la tarde en el Teatro Real. Las puertas estarán cerradas; el escenario será todo nuestro. Las luces y el control general del espectáculo serán responsabilidad de un joven catequista que pondrá fin a nuestro juego cuando yo lo solicite. El chico es discreto: conozco de sobra sus inclinaciones y sé que no querría por nada del mundo perder su trabajo con los niños del coro.

Hasta pronto, Mercedes.

Tu quesito que tanto te desea,

Ismael Irizabal

Comparte este artículo:

Más articulos de Perico Baranda