El Butano Popular

Librepensamiento y explicaciones

Androide paranoide

Podría responder a todas sus preguntas— 05-10-2012

Proverbios para paranoicos:

1: Quizá nunca logres tocar al Maestro, pero puedes hacerles cosquillas a sus criaturas.
2: La inocencia de las criaturas es inversamente proporcional a la inmoralidad del maestro.
3: Si ellos logran que hagas las preguntas equivocadas, no tienen que preocuparse por las respuestas.
4: Tú te escondes, ellos buscan.
5: Los paranoicos no son paranoicos porque sean paranoicos, sino porque siguen metiéndose deliberadamente, los malditos imbéciles, en situaciones paranoicas.”

Thomas Pynchon, El arco iris de gravedad.

1

En 1987 trabajaba para Correos en una estación de trenes. Mi misión consistía, a las seis de la mañana, en recoger las sacas de correspondencia que llegaban en dos expresos que iban en direcciones opuestas. Teóricamente llegaban con diez minutos de diferencia, lo que me debía dar tiempo a alcanzar las dos cabezas de tren donde estaba el furgón de correos. Pero tendían a llegar a la misma hora, en dos andenes distintos, y no estaban demasiado tiempo parados. Cuando todo puede salir mal, saldrá mal, dicen. Lo de los dos trenes entrando en la estación al mismo tiempo era una conjunción de sucesos inevitable. Creo que allí, cada mañana a las seis cero siete minutos, empezó a manifestarse ante mí la cruel indecencia del Plan, mientras corría como un loco arrastrando un carro enorme con las ruedas oxidadas de una punta a otra de la estación, cargando los fardos en el carro y con la correspondencia certificada y los giros postales cuidadosamente protegidos en mi mano.

Una de esas mañanas, mientras arrastraba sudoroso el carro un pasajero del tren me llamó. Ey, compañero, me dijo. Me entregó unos folios grapados. Léelo. El Plan está en marcha y sólo nosotros podemos detenerlo. El tren arrancó. Salud, se despidió, mientras yo me quedaba con la boca abierta mirando cómo se alejaba con las manos llenas de papeles y el carro cargado hasta los topes.

Asimismo, todos aquellos partidos a los que veis moverse sobre la superficie del país como flota la espuma sobre un líquido en ebullición, no se han declarado la guerra a causa de sus disidencias doctrinales, sino justamente a causa de su común aspiración al poder. Si cada uno de estos partidos supiera con certeza que sobre él no caerá el peso del poder de alguno de sus enemigos, el antagonismo cesaría instantáneamente, como cesó el 24 de febrero de 1848, en la época en que el pueblo, habiendo destruido el poder, desbordó a los partidos.

De ello se deduce que un partido, sea cual sea, sólo existe y es temido porque aspira al poder. Y si quien carece del poder no constituye un peligro, en consecuencia es verdad que cualquiera que tenga el poder es automáticamente peligroso; de donde queda abundantemente demostrado que no existe otro enemigo público que el poder.”

Eso leí poco después. Lo recuerdo porque forma parte del Manifiesto Anarquista. Digo “lo recuerdo” porque perdí el texto. Más bien creo que los folios se disolvieron y desaparecieron del armario donde los guardaba. Nunca más he podido encontrar el opúsculo.

Se consumieron, se autodestruyeron.

A no ser que Ellos los hiciesen desaparecer.

2

Año 2012: En un concurso de televisión la respuesta correcta a la pregunta, que ahora no recuerdo, era La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne. Los concursantes dividen su dinero entre varias opciones pues no están seguros de que esa sea la respuesta correcta. Después de unos instantes de insoportable tensión impostada, se descubre la solución. El presentador grita: “¡Sí, señor! ¡La vuelta al mundo en 80 días! ¡WILLY FOGG! ¡Recogemos el dinero!”.

No hay silbidos del público ni una posterior rectificación. En algún momento de nuestra historia los personajes de la novela de Julio Verne han sido reemplazados por los de una adaptación animada televisiva. Phileas Fogg ha sido sustituido por Willy Fogg, Passepartout por Rigodón.

Y hay que recordarlo: En la novela de Verne los personajes NO emplean el globo aerostático como medio de transporte.

Imagino a nuevos lectores de Verne esperando el momento en que suban a un globo o la aparición de un ratón andaluz.

El público del concurso aplaude, porque eso es lo que se debe hacer, lo que se le ordena hacer.

El público aplaude porque hoy en día se aplaude todo: Se aplaude en los entierros y se aplauden los recortes desmedidos del Gobierno; se aplaude cualquier estupidez que se pronuncie en un plató de televisión, se aplaude a la grosería y a todo lo chabacano. Y lo que es muchísimo peor, en este desmedido e injustificado uso del aplauso, las personas acaban aplaudiéndose a sí mismas.

3

Aquel opúsculo era una llave que abrió mi conciencia a una nueva realidad del mundo. A la Realidad que subyace bajo la Realidad impuesta por el Plan.

Hay un Plan. Eso desvelaban los papeles que me entregaron en la estación. Recuerdo vagamente las palabras exactas, pero recuerdo la esencia del texto.

Hay un Plan para controlarnos y doblegarnos de forma tan sutil que aceptemos sus consecuencias sin rechistar.

Hay un Plan que funciona de una manera tan siniestra que ni siquiera se molesta en ocultarse. La maquinaria del Plan es tan perfecta que incluso deja que algunas supuestas imperfecciones queden en evidencia para que algunos denuncien su existencia y queden a los ojos de todos como unos lunáticos.

La esencia del Plan es la contradicción y la tautología.

Miren a Mariano Rajoy repitiendo como un mantra: “Hay que hacer lo que hay que hacer, porque no tenemos más remedio que hacer lo que hay que hacer”.

APLAUSOS

Y repite: “Hay que hacer lo que hay que hacer y lo más importante de todo es actuar como Dios manda”.

APLAUSOS

El Plan se manifiesta en pequeños detalles. Algunos forman parte del mismo Plan. Otros son deslices involuntarios que se escapan. El Plan transforma nuestra realidad. Willy Fogg dio la vuelta al mundo. Puede parecer una confusión, un lapsus sin importancia, pero esos pequeños elementos que reconfiguran nuestra realidad son significativos. Son breves vislumbres de los entresijos que controlan nuestra vida según las directrices del Plan.

Voy a desvelar el Plan. Este es el objetivo. Fui depositario de la Revelación y luego fui despojado del texto de la Verdad. Todo está en mi cabeza ahora. La misma cabeza que parece a punto de estallar. Tomaré los calmantes y descansaré. Hablar del Plan agota, hablar del Plan destroza las neuronas. Continuaré. Otro día. Porque en este momento siento el impulso irrefrenable de adquirir un nuevo ejemplar de El guardián entre el centeno.

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