El Butano Popular

Librepensamiento y explicaciones

Desde el convento

Cartas Crueles— 01-10-2012

Convento de las Arrepentidas, Guadalajara
3 de mayo de 2003



A la atención de los señores Samuel Carcagente
y María Mercedes Ramírez, de Carcagente


Distinguida familia:

Quisiera comenzar mi carta expresándoles el agradecimiento de toda la Comunidad por su generoso donativo, con el que trataremos de poner fin a algunas obras urgentes de nuestro edificio, sometido, como saben, a los rigores de la aluminosis: cuando no se nos pudre una viga, se nos cae al suelo una hornacina. Como pueden imaginar, dadas las circunstancias (el Convento es grande, la Comunidad numerosa), toda ayuda es poca, tantas son nuestras grietas y tanta su profundidad. (Pueden ustedes, si lo desean, interpretar mis palabras en sentido metafórico y pensar, con razón, que se me va la olla. Son muchos años de estudio y dedicación a la salmodia para que mis neuronas se mantengan intactas). A pesar de todo, Dios proveerá, como también lo harán otras familias como la suya, deseosas de poner fin al laberinto en que se hallan perdidas sus hijas, víctimas de hombres sin escrúpulos. Esas familias, ustedes lo saben bien, purgan sus conciencias con alguna aportación económica y sincero arrepentimiento. A tal fin y para que nos publiciten entre sus amistades, les adjunto un tríptico informativo con nuestra dirección electrónica, teléfonos y cuentas bancarias. Es del dominio público que nuestra Congregación goza de una bula papal, concedida por Pío XII en 1943, por la cual se nos autoriza a velar por las consecuencias de actividades reproductivas de terceros, que suelen ser personas con poco juicio o nula responsabilidad.

El motivo principal de esta carta es hacerles saber que ya tenemos entre nosotras a su hija Merceditas, recién llegada de la clínica del doctor Ledesma, de la Ciudad Universitaria de Navarra, quien personalmente se encargó del vaciado y la compostura de los recovecos de la hija de ustedes, asunto en el que no insistiré dado que la operación contaba con el beneplácito de la comisión ética de la clínica Santa Esperanza, y porque seguramente el doctor ya se lo habrá explicado por escrito, con detalle y jerga sanitaria. Por lo visto, tras comprobar el estado de Merceditas, se optó por desocupar sus entrañas y, a continuación, esterilizarla para evitar la difusión de los elementos disgénicos de los que resulta ser portadora, ya que se la consideró incapaz de gestionar de manera voluntaria su acceso a la maternidad. Punto y final de este asunto, que no es cosa mía, aunque me gusta tratarlo y refrescar mis conocimientos, ya que fui bióloga antes que monja.

Por nuestra parte, y siguiendo las instrucciones de Monseñor Irizábal, Obispo de Sangüesa, de cuya amistad gozan ustedes y les felicito por ello, sólo nos queda ocuparnos de la recuperación espiritual y moral de su hija, así como de su manutención y vigilancia, según las tarifas que recoge nuestro tríptico. A partir de ahora, y mientras permanezca con nosotras, su hija se ajustará al horario y actividades del convento, aunque relegada de aquellas funciones que, por su inexperiencia o candidez natural, no está en condiciones de desarrollar.

Finalmente, respecto a las dudas que nos expresó don Samuel por teléfono sobre la intención de Dios al crear el Universo, teólogos tiene la Santa Madre Iglesia que le sabrán responder. Sin embargo, como humilde superiora de un Convento de Arrepentidas, que es lo que soy, aunque fui astrónoma antes que monja, me atrevería a decirles que, en mi opinión, desde el primer segundo de la Creación, Dios nos tuvo en su mente, a ustedes y a mí, al doctor Ledesma y a Merceditas, y quiso que existiera la clínica Santa Esperanza y también este lugar, y quiso que el comité de ética dictaminase a favor de la petición de ustedes. Dicha conjunción de composibles (el concepto es de Leibniz, me gusta aclararlo) ha permitido que su hija Merceditas rehaga su vida a mayor gloria de Dios, que ustedes colaboren económicamente con nuestra Comunidad y que, en fin, la actividad del inmigrante rumano con el que Merceditas se relacionó hasta el extremo que todos conocemos, la vida de ese hombre, digo, se reoriente, y haya podido regresar con su familia a su país de origen.

Que alguna de nuestras actividades parezca contraria a ciertos aspectos doctrinales de la Iglesia puede ser objeto de discusión, aunque ignoramos cuál sea la verdad en este asunto, como en tantos otros. Dios sabrá qué se propuso, por qué lo hizo y para qué lo hizo, dado que su autonomía y buen criterio no pueden ser cuestionados. En mi opinión, si el Ser Infinito se hubiese sentido contrariado por nuestras decisiones nos lo habría hecho saber y, en consecuencia, alguna cosa habría salido mal en esta historia: el embarazo de su hija, la operación a la que fue sometida, la aluminosis de nuestro Convento, el donativo de ustedes, esta misma carta… Se lo dice una monja, que antes de serlo fue hermeneuta y traductora de Gadamer al español.

Sean ustedes bienaventurados, como lo son todos aquellos que se arrepienten en el Señor. Amén.


Madre Engracia del Sagrado Corazón
Superiora del Convento de las Arrepentidas, Guadalajara.

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