¿Ardo yo o arde el mundo? El oxígeno revienta como las burbujas de un envoltorio y el mar desaparece de la vista. Se desploma el tabique de madera frente a mí, madera crujiente, cereales masticados por los grises colmillos de un dios de piedra. ¿Qué hacéis aquí? ¿Quién os ha metido en esto? ¡Tenéis que salvaros! ¿Me oís? ¡Hay que salir de aquí antes de que todo se hunda! ¡Salid del agujero! ¡Ayudadme, coño, ayudadme! Aún hay tiempo, aún queda algo de madera y esos cables. Cambiaos de sitio, es más seguro el otro lado. Yo lo haré, lo haré yo, sí, poneos al otro lado. No es tan difícil, ¿veis? Con esto y con esto, sólo hay que atarlo bien, fuerte, tirando del cable, pasándolo por la soga. Saldremos de esta, ya veréis, llegaremos a algún lado. ¿Quién os ha metido en esto? ¿De dónde os han sacado, de dónde habéis salido? Yo os sacaré de aquí, os lo prometo; hay maderas y cables, estoy fuerte todavía. Pero quedaos ahí, en el sitio, en los medios, sé que el fuego solar os quema la vista. Cerrad los ojos, aquí no hay sombra, ardo yo y arde el mundo. Sólo me queda ya ese olor a tronco, a pino, ese aroma a musgo y trufa, mi nariz raspada por las raíces de los tocones. Me duelen las manos, el cuerpo, todo. No sé si me duermo o empiezo a despertarme, soy una burbuja en el aire, un globo ocular que se eleva hasta rozar las copas de los pinos. Sus hojas de aguja amenazan con pincharme y ¡plof!. No estallo aún, el hilo rojo, el nervio óptico tira de mi otra vez hacia abajo, hacia los musgos, hasta las trufas que olisqueo como un cerdito caliente y programado. No es un hongo, no es una criadilla lo que me atora los orificios nasales, es el coño bronco de la gordita, de la cojita que ya no lleva puesto el chubasquero, porque me lo he liado a la cabeza para parecerme más a un marajá desnudo, a un príncipe oriental con la polla en espiral, rodeando, abrazando, acariciando lo que sabe que va a ser suyo. Soy un demonio, soy un cerdo. Después de rapiñarlo todo, en la fiesta del domingo, me daré este festín de coño indubitado y mal escondido. ¿Quién se acuerda hoy de Nicaragua o del infierno delante de esta flor de doce años?
