Mujeres, armas y sustancias ilegales, no necesariamente por este orden. Es todo lo que necesito para sobrevivir. Nunca salgo de casa sin el bate de béisbol. Es dejarte llevar por la furia. Es darte cuenta de que este planeta está lleno de ruido. Es jugarte el pellejo a diario.
Asesinar la paz. Es lo que se me pasa por la cabeza. Ayer y mañana. Es aguantar a éste y aquél sus tonterías. Es sembrar con chinchetas mi cama. Es pelearse contra un muro de gotelé pasado de moda tapado por pósteres de películas de los años 80 que alivian la batalla de Peter Pan contra el tedio.
ARMAS PAL PUEBLO… Es un lema molón. Dale armas al pueblo y se matarán entre ellos, se pegarán un tiro en la sien. Es de cajón. Es como echarle un pulso a un leproso. Es como escuchar el sonido de la muerte a escala industrial sin pensar que cuando vas a comprar el pan es uno de los pocos momentos del día en el cual sabes con certeza a lo que vas.
El arte es cosa de ricos. ¿Es diferente al canibalismo? Comer carne es un acto de rebeldía cósmica en los tiempos de echar a correr y ver pasar el tren conducido por cadáveres. Es algo así como un sálvese quien pueda. Es excrecencia plúmbea de entrante, forúnculos catódicos de primero, costra radiactiva de segundo y olvídese el postre. Es tomarse el café, la copa y el puro con vaselina caducada por el orto.
Pagar por una canción es una estupidez supina, las entradas de cine son caras, prefiero un cubata, dibújame algo que mole, anda… Es pa’ cagarse. Voto por un mundo libre de CULTURA, eso que nos ahorramos. Es creer que vamos a acabar todos jugando a la petanca como forma de ocio universal. Es descubrir que la vida académica es un páramo invadido por zombies cagones. Es contemplar absorto que vuestra boca apesta a mierda.
No hemos avanzado en años. Es triste. Lo acepto llorando de risa. Determinadas cosas no se valoran en esta existencia finita. Es la absoluta desaparición de una conciencia colectiva, de una mentalidad civilizada. Es tener que asesinar sin parar a los licenciados. Es dar de comer sus despojos a una sociedad con legañas de burócrata.
Oligofrenia en estado puro. Es un estado de gracia. Huele a miedo. Es meterse el criterio por el culo y excretar en serie. Es una fábrica de terrores cotidianos que trabaja a destajo sin licencia. Es beberse sin respirar ocho litros de líquido místico sin pasar por la casilla de salida y sentir que una gigantesca piedra amarilla apenas se nota debajo del sofá.
Estoy pensando en montar una fábrica de juegos de mesa. Es imaginar que en un futuro diatópico el parchís lo va a petar. Es pensar en una distopía donde el escondite va a ser recuperado con fuerza, recibirá subvenciones y gustará a grandes y chicos. Es aceptar que las adolescentes, alimentadas con pienso compuesto, jugarán con los abuelos en los jardines de los geriátricos atómicos, con olor a naftalina, vainilla y esmegma. Es preguntarse si el gran exterminador hace bien su trabajo.
Vivo de puta madre. Es aceptar la condición de circunspecto burgués. Me dan pena vuestros hijos, que van a tragar más infamia que nosotros, con o sin guarnición. Es querer ser un anarquista de salón. Es matar a la imaginación. Es hacer política de la defecación.
Me voy a dormir. Es escritura automática. Estados de Facebook. Es sumirse en un letargo sin calefacción. Es abrir la puerta a los sentidos sin ningún sentido. Es pedirle a Satán que nos lleve pronto.
