El Butano Popular

Librepensamiento y explicaciones

Papa cadáver

Historias de amor (y apocalipsis)— 09-11-2010

Creo que soy masoquista. Tiendo a encender el televisor a la hora del telediario, mientras me nutro con viandas de dudosa procedencia, y más de un día a la semana leo los titulares de los periódicos. Quemo mis retinas con información manipulada, precocinada y agitada antes de usar. Este fin de semana la ventana electrónica y la prensa generalista han rendido pleitesía exacerbada a la visita del Papa a la piel de toro, ese señor que representa a Dios en la Tierra, o eso dicen. Estado policial, dinero que se va, se quema, y algunos tan contentos, vitoreando cosas tan llamativamente oligofrénicas como “el Papa mola, hagamos la ola“. No sé ni por qué escribo el nombre de este tipo con mayúscula, pero no quiero que se le confunda con mi padre, un hombre bastante más honesto, me atrevo a decirlo, que este sujeto de pasado oscuro. Jóvenes sobrexcitados agitando banderitas a su paso. Son los mismos que alucinan pepinillos con la mierda de A Serbian Film (una caquita, cinematográficamente hablando, que no se merece tanto bombo, cierto), pero no condenan la pederastia clerical y demás abusos de la secta católica. La diferencia entre estos seres que creen en la justicia divina y los apocalípticos que nos cagamos en el espíritu santo (en minúscula, por si las moscas), es que ellos se juntan, se asocian, unen sus fuerzas para extender su palabra y denunciar a diestro y siniestro lo que no entra en sus planes de dominación del mundo. Mientras tanto, nosotros, los otros, los tontos sin patria, ni dios y alguna ley, tendemos a gruñir como ejercicio de catarsis, solos o en comandita pasajera, se nos pasa el mosqueo rápido y a otra cosa. Es más, si podemos encontrar algún punto flaco en el compañero de al lado, sea de fatigas o no, como no nos fiamos de nada ni nadie, y todo hay que cuestionarlo para estar por encima del bien y el mal —que nos pone mucho—, tiramos piedras sobre nuestro propia tejado. Nos damos entre nosotros unas buenas tobas mientras los demás siguen con su circo lleno de fieras domesticadas y payasos tristes. Vaya brasa nos están dando, spots publicitarios en televisión incluidos. Vaya caña, que España se pierde…

El domingo, siete hojazas en la sección de cultura, y la portada bien grande, dedicadas a Ratzinger y sus acólitos en uno de los periódicos que caen en mis manos. Menos mal que en sus mismas páginas leo con una sonrisa que Santiago Sierra le ha dicho a nuestra ministra de cultura (¿mayúscula? ¿minúscula?) que se meta por donde le quepa, si es que le cabe algo, el Premio Nacional de las Artes Plásticas. Coño, un tío coherente, que basa su arte en torpedear el sistema y no admite que pretendan domesticarlo. Porque el muy intrépido no sólo ha dicho que pasa del tema, que no va con él, que instrumentalicen a la madre Teresa de Calcuta y a otra cosa mariposa. Les ha tirado a la cara 30.000 euritos del ala que iban con el galardón, una cantidad que nunca viene mal y que no cualquiera manda al carajo —probablemente el que esto escribe incluido—. Bravo. Bravo. Bravo. Nuestras conciencias se alinean y aplaudimos al unísono. Hasta los que chupamos de vez en cuando de las instituciones. Digo esto último antes de que salte algún colega con la puyita. Acabaremos todos rezando.

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